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Cómo una comunidad de hacedores marca la diferencia

March 1, 2019
Gabriel Goyo
Caracas, VE

Hoy es otro de esos días negros de mierda, horribles, en los que nada me satisface y todo es una excusa para la ira, para la ansiedad. Es febrero y todos los objetivos que escribí medio ebrio el primero de enero han sido sepultados en el olvido del día a día.

Estos son los días en que no me gusta el mundo. Odio a los ricos, a los felices, a los que ven televisión, a los que beben cerveza, a los complacientes. Entonces me odio por darme cuenta que puedo ser todas esas pequeñas cosas, por pensar que no hay una manera, forma o método seguro para vivir.

¿O sí lo hay?

Okay, quiero cambiar mi vida. Pero ¿por dónde empiezo?

Me leo un artículo como el de Sam Altman, y estoy on fire.

Al día siguiente voy a correr 10k, subiré el ávila, me levantaré a las 4 de la mañana y me leeré 3 libros cada semana, dejaré de comer carne, solo frutas y vegetales, tomaré 6 litros de agua, meditaré 3 horas al día, dejaré mi trabajo de mierda, me dedicaré full-time a mi emprendimiento, haré que pase la ayuda humanitaria, y además dormiré 8 horas. Todo esto sin que afecte mi vida social, mi relación, mis amigos, mi familia.

A la semana siguiente estoy quebrado, cansado, y no tengo anemia porque me acabo de meter 4 perros calientes con todo. No he hecho absolutamente nada de las cosas que me propuse a hacer. De hecho, estoy peor de lo que estaba antes.

Okay, quizás depender solamente de la motivación no es suficiente. Quizás necesito algo más.

Retrocede. Respira profundo. Reflexiona.

¿Qué quiero de esta vida, ahora y en el futuro?

Necesito tener una imagen más clara de quién soy y quién quiero ser.

Aunque no lo crean, comienzo a hacer un análisis FODA de mí mismo. Me cago de la risa. En serio, no sé qué más a hacer y siempre hago ese tipo de cosas en el trabajo cuando comienzo un proyecto. ¿Por qué no habría de hacerlo en mi vida personal también?

Comienzo a realizar un sistema para planificar, evaluar mi vida y lograr una nueva versión de mi mismo, mejorada, más dura, más rápida y más fuerte, a lo Daft Punk.

Mis creencias respecto a lo que tengo, quiero y puedo hacer me limitan más que la banda de ancha de CANTV. Quiero, puedo y debería explorar una multitud de cosas en la vida. Es más ¡me lo merezco, coño!

Hago una lista de todos los aspectos en los que quiero mejorar:

  • En lo físico
  • En lo social
  • En lo emocional
  • En lo espiritual
  • En lo ambiental
  • En lo profesional
  • En lo intelectual
  • En lo financiero

¿Si hago esto continuamente por un año, mi vida será mejor?

Le meto hasta KPIs y gamification a la vaina, como hacemos en el trabajo. ¿De qué otra forma podemos saber que vamos bien?

Y con el tiempo, la planificación y la evaluación regular me da una idea más clara de quién soy, de mis inconsistencias, de mis debilidades, de las ansiedades, de las constantes en mi vida.

Me doy cuenta de que es mentira que voy a salir a correr 10k, que lo mío es levantar pesas.

Decido que mi tiempo libre no siempre tiene que estar dedicado al entretenimiento. En vez de estar viendo TV todo el día, puedo dedicar un tiempo de recharge para enfocarme en mí mismo y en mis objetivos.

Pero, ajá, tengo que ir al banco, buscar efectivo, hacer mercado, echarle gasolina al carro… ¡Todo el día se me va en eso! Decido entonces, usar mis 8 horas de recharge sabiamente.

Descubro que aun entre mandados puedo seguir cultivando mis hábitos. Ahora leo mientras espero en el banco. Escucho podcasts mientras hago la cola en la autopista. Encuentro formas de llenar esos momentos de inactividad en el día.

El “no tengo tiempo” es pura paja. Lo que realmente quiero decir cuando digo que no tengo tiempo para algo es que realmente no es importante para mí. Si lo fuera, seguro haría el tiempo.

Decido tomar un enfoque proactivo ante todo. Ya no veo TV, veo Netflix. Ya no escucho la radio, escucho podcasts. ¿Cuál es la diferencia? La actitud. Yo controlo y decido qué quiero ver y escuchar. No me están alimentando a la fuerza con contenido vacío.

Me mantengo consciente de qué agrego a mi vida y si le agrega valor o no, como la japonesa del documental en Netflix.

No todo el tiempo, claro. Si quiero descansar, descanso. Lo importante es hacer un esfuerzo por continuar y conseguir incrementalmente ser mejor.

La consistencia es la llave. La consistencia a través del tiempo. Todo con flexibilidad. Por ahí leo que mejorar un 1% cada día por un año tiene el doble de impacto que mejorar 10% cada día por un mes como quería hacer antes. Después de todo, crear cualquier cosa valiosa en la vida toma tiempo.

Y eventualmente, me doy cuenta de que tengo suficiente tiempo no solo para cultivar estos hábitos sino para hacer cosas y trabajar en nuevos proyectos, sin necesidad de dejar mi trabajo a tiempo completo.

Claro, no siempre es perfecto, la vida se atraviesa como la viejita que camina lento delante de mí en la calle.

Tengo una semana que no me meto en el sistema. Y cuando lo hago, es para poner puros 0. No he hecho nada. Ya hasta me da vergüenza meterme.

Recibo un mensaje de texto:

“Te quedan 3 días para leerte esos artículos y escribir un artículo.”

Ah, se me olvidaba. La otra parte esencial para el éxito: Los Elefantes.

Después de todo, no soy el único que hace esto. Hay toda una comunidad de hacedores que hacen lo mismo. No solo compartimos artículos, vídeos, podcasts, blogs, libros… nos retamos a mejorar cada vez más y así nos mantenemos responsables.

Aun para un introvertido crónico como yo, es atractiva la idea de compartir más tiempo con gente que hace lo mismo.Es cierto que somos el promedio de las 5 personas con las que más compartimos.

La comunidad me ofrece consejos cuando estoy confundido, me apoya cuando estoy deprimido, me anima cuando necesito estímulo, y me brinda una fuente constante de motivación, inspiración y educación.

Y ademas, son pura gente seria. Cualquiera puede mentir en su reporte ¿pero por qué habría de hacerlo? No estarían sino cayéndose a mentiras ellos mismos.

Tener una comunidad me ha impulsado a convertirme en una mejor persona. En los días que tengo ganas de quedarme durmiendo, cuando tengo ganas de atiborrarme de comida basura, mi mente siempre vuelve a estas personas. Incluso cuando no están allí para inspirarme directamente, siempre puedo sentir su presencia.

Es bueno saber que no estoy solo.

Gabriel Goyo
Caracas, VE
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